Escenas olvidadas

Sheila Martín (@sheilamartinw)

Dicen que cuando una noticia no es tratada por los medios con interés y en profundidad, equivale a la inexistencia de la misma. Podrían aquellos atreverse a afirmar, entonces, que el ámbito cultural sufre una parálisis injusta casi desde la muerte de Michael Jackson en 2009. Sin embargo no, cada día en los más de 12.756 kilómetros de diámetro que mide la Tierra, la cultura hierve con noticias sobresalientes que, por algún caprichoso motivo, no son acogidas por los medios generalistas.

El pasado 24 de diciembre las familias españolas se disponían alrededor de una mesa repleta de embustes mientras, a sus espaldas, la televisión que reproducía un concierto de Pablo Alborán se burlaba de todos los comensales descaradamente. En el mundo real, la música lloraba una pérdida injusta que marcaría la historia del pop y rock nacional.

Era el gallego Miguel Costas quien daba la noticia en su cuenta oficial de Twitter: “Es muy triste para mí comunicar el fallecimiento de una gran persona, cantante y amigo. Germán Coppini, D.E.P.”. Ahora más que nunca, “malos tiempos para la lírica” y, sin embargo, ahí estaban todos, de canapé en canapé como si nada, mientras el fundador de Siniestro Total decía adiós a su compañero.

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No fue hasta la mañana siguiente cuando algunos medios reflectaron la noticia en sus sumarios, varios especializados y pocos generalistas, unos cuantos digitales y casi ninguno tradicional. Imagino que en el día de Navidad supone un gran esfuerzo sacrificar minutos de vídeos en los que vemos a unas cuantas familias abrir regalos en sus casas.

Germán Coppini fue vencido por un cáncer de hígado que apenas le había sido detectado días antes, derrotado como pocas veces algo había podido con el que fue voz, pensador y persona fundamental en lo más duro de los años ochenta; imprescindible en los primeros Siniestro Total y cimiento de Golpes Bajos, a quienes hizo sonar a pesar de las bofetadas recibidos por la desagradecida industria discográfica.

Como músico: exacto, único y distinguido; como erudito en política: constituido, justo y noble; como persona: – dicen los que le conocieron – entregado, cercano y protector. Sin embargo, nadie fue capaz de agradecer su lucha hasta el final, no hubo quien parase programación o rotativas para hacer un hueco a su recuerdo. Joder, ¿qué más debió hacer el bueno de Coppini para que ni siquiera el día de su muerte se le otorgue el reconocimiento que merece? Vale que no moviese a un público tan amplio como Jackson, ni mucho menos una masa de fieles como la de Mandela, pero es que deberían bastar las mil batallas a favor de una música libre y progresista para que sus 52 años de vida fuesen rememorados. ¿O es que en la información también se equipara la calidad a la repercusión económica que la persona produjo en vida?

Parece mentira, con lo que gusta reducir la cultura de este país en las últimas décadas a la famosa Movida, y resulta que se permiten el lujo de dejar caer en el olvido a una personalidad esencial en ella. Claro, que tratándose de una noticia musical serán pocos quiénes la echen en falta y, por lo tanto, mejor ocupar espacio con la bazofia habitual.

Son escenas olvidadas, repetidas tantas veces. No se ama a los sumisos, simplemente se les quiere”, que decía el mismo Germán Coppini, tan poeta a veces. Quién iba a imaginar que a pesar de todo el esfuerzo, para una parte del mundo, las suyas acabarían siendo de verdad aquellas “escenas olvidadas”.

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