D.E.P. CANAL NOU

María García Tenorio (@mariagta)

Una cortina de humo recorre Valencia. El presidente Fabra decidió coger el mando y apagar el Canal 9 para siempre en su comunidad, dejando al pueblo sin emisión autonómica.

Los políticos se pusieron sus mejores galas para el funeral y en el discurso de despedida apoyaron a la educación, a la sanidad y a los servicios sociales, que han estado olvidados por la moda; porque si es de trajes ellos entienden bastante. Sin embargo, si hablamos de derechos, solo conocen los suyos. Más de 1000 empleados se van a la empresa más grande de España, el paro, sin ser escuchados. De nada han servido las manifestaciones, ni los grupos de apoyo a los trabajadores, ni la subida de audiencia en los últimos meses; nada tiene que ver con la ideología de cada uno; porque la izquierda y la derecha se han quedado neutrales para unir sus voces en radio y televisión.

Hoy hace más de un mes que se conoció la noticia del cierre y aún sigue dando de qué hablar, porque no solo han perdido los trabajadores su empleo, sino el pueblo su derecho a la información; y, es que, las noticias, cuanto más cercanas, más impactan y, parece que en España lo que pase en el resto de Europa es más importante que lo que pasa en nuestro propio país. Si obviamos ya de por si lo nacional cómo pretendemos enterarnos de local, si no nos dan facilidades y tampoco tienen interés en dárnoslas. Y… ¿qué hacen nuestros políticos para curar nuestras heridas? poner un derbi de fútbol entre el Madrid y el Barça es la mejor solución a los problemas; ¿qué hacemos para evitarlo? olvidar nuestros intereses para picarnos porque nuestro equipo siempre juega mejor que el ganador… o perdedor; sin darnos cuenta, de los que realmente perdemos somos nosotros. ¿Qué pasará dentro de un año? los políticos habrán cumplido su objetivo, y la cadena, en vez de celebrar sus ‘bodas de plata’ habrá quedado muerta y en el olvido.

Canal Nou es un héroe de guerra, una víctima de la crisis, una consecuencia que refleja el drama que estamos viviendo en todos  los ámbitos de la sociedad, dónde los parados sólo son un número y los derechos solo una palabra tabú.

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Por una cultura independiente, crítica y actual

Yaiza Soto (@yaiza1304)

Afincado en el número 42 de la calle Alcalá y con las mejores vistas de todo Madrid se encuentra situado el Círculo de Bellas Artes, entidad cultural privada sin ánimo de lucro a la que se le presenta un futuro cuanto menos incierto. El centro, que en los últimos años ha sido blanco fácil de recortes, se encuentra en una difícil situación económica. Ni su paradójica ubicación, al lado del Ministerio de Educación y Cultura, le salva de la notable reducción que ha sufrido su subvención.

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El Círculo de Bellas Artes, para muchos conocido únicamente por su azotea; ese estratégico lugar de Madrid donde divisar la ciudad desde las alturas y de paso hacerse alguna que otra foto, organiza una media de más de mil actividades al año. Su oferta es de lo más variada. En su edificio estudian, crean, se expresan y convergen centenares de artistas de distintas generaciones. Díganme si no es una auténtica maravilla cultural lo que este espacio nos puede llegar a brindar.

La mayor parte de su financiación sale de sus socios, del alquiler de sus salas, del cobro de sus entradas y de los actos que organiza. El presupuesto actual es de 4,6 millones de euros. De esa cantidad, la Comunidad aporta 150.000 euros y el Gobierno central, 120.000. Pero no es oro todo lo que reluce, en los Presupuestos de la Comunidad de Madrid para el próximo año hay reflejado un recorte en el dinero que se destina al Círculo de Bellas Artes. Esto supone el despido del 15% de la plantilla y la desaparición de las secciones de radio y cine del teatro.

Las medidas por parte de la Comunidad de Madrid para fomentar los ingresos de la entidad no son otros que la ampliación del horario de la azotea, que se pretende convertir en un mirador de Madrid, incorporando a una empresa de restauración. Un listón demasiado alto que precisa menos actividades culturales, mismo número de socios y mayor realización de eventos comerciales. Una aspiración que implicaría el distanciamiento con el espíritu del Círculo de Bellas Artes, promover y difundir la cultura. La decisión supone un revés a las actividades que organiza el centro, que abarcan desde las artes plásticas hasta la literatura pasando por la ciencia, la filosofía, el cine o las artes escénicas.

El trato que recibe la cultura en general y El Círculo de Bellas Artes en particular, resulta abusivo si tenemos en cuenta que es el último sector en subvenciones de este país, por detrás de las ayudas públicas a la banca, la construcción o la automoción. Una burla para aquellos que la consideran poco sostenible.

La institución, lejos de quedarse de brazos cruzados ha lanzado un manifiesto en su defensa, donde reza “El Círculo ofrece su apoyo a los que muchas veces han alcanzado aquí el amparo para su trabajo y para su ansia de saber“. Un grito ahogado que reivindica auxilio.

No se le puede volver la cara a una de las entidades culturales más emblemáticas de España, que atrae anualmente a más de un millón de visitantes, pero sobre todo no se le puede volver la cara a lo que verdaderamente prima aquí, la cultura, el sustento de nuestra esperanza en épocas como ésta.

Nadie ve la 2

Ángel Ludeña (@angelludena)

No, no nos engañemos, nadie ve La 2. Si en España hay algo que siempre hemos tenido  claro es que todo aquel que quisiera defender un supuesto nivel cultural superior al resto, tenía que ver La 2. Mucho se ha hablado de eso, de aquellos interminables documentales que todo el mundo veía y que nadie recordaba en contraposición a esos programas rosas que nadie ve y todos conocen.

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Los datos de audiencia no dejan lugar a dudas, en un momento donde TVE, principal canal de la pública, se encuentra más hundido que nunca, La 2 no está mejor. Será un canal secundario, de audiencias minoritarias y defenderá eternamente ese “más vale pocos y buenos” pero la realidad es que hace mucho que nadie habla de La 2, sencillamente porque nadie la ve. Aquí surgen las dudas de siempre. Una televisión pública pagada por el dinero de todos debe aportar un contenido generalista que cubra las necesidades de entretenimiento de los españoles, muy dados todos nosotros a ver la tele más de la cuenta.

Si los datos muestran que los programas de esta televisión no tienen audiencia, ¿por qué se mantienen? Frente a todos aquellos que defienden la necesidad de mostrar un contenido cultural y diferente al resto de canales, se encuentran los que creen que, como dice la lógica, si no se ve lo que muestran, habrá que cambiarlo. No, eso no quiere decir que se tengan que “salvamizar” todas las cadenas y convertir los platós de las teles públicas en una jauría de lobos, ahora llamados colaboradores, en mitad de su minuto de gloria pero sí que se podría apostar por un contenido diferente, de entretenimiento o actualidad que consiga conectar con el público. Aunque pensándolo mejor, si tanto gusta la cultura en TVE, ¿por qué olvidaron emitir el premio Ondas a su reconocida presentadora María Escario? Perdón, sí que se emitió, dos días después cuando ella se quejó públicamente. Tiene su lógica, unatele pública actúa según decida el público. Ahora sólo falta que con La 2 se haga lo mismo y que con cultura o sin ella, se levante la audiencia, que nuestro dinero nos cuesta.

Nunca sabes lo que tienes, hasta que lo pierdes

Sheila Martín (@sheilamartinw)

“Nunca sabes lo que tienes, hasta que lo pierdes”. Esa frase que tanto se utiliza para decorar la compunción y que tanto me saca de quicio por su facilidad para ser pronunciada sin ni siquiera pensar a quién y cuándo. Todo aquel que la recibe es metido en el saco de la imprudencia con respecto a sus tenencias, por muy consciente que sea de lo que recientemente ha dejado atrás. No importa si mantenía una relación sincera con aquello que acaba de desaparecer, que si llora su pérdida alguien vendrá con la estúpida frase de turno a decirle, gratuitamente, lo insensato y egoísta de su pesadumbre. Es el hecho de enunciarla sin ton ni son lo que le hace perder toda facultad de raciocinio.

Sin embargo, después de abofetear la ligereza de su uso, he de confesar que hace unos días me vi en la tesitura de tener que asociarla a una situación. Envueltos en esta vorágine de cercenaduras a la cultura en la que se están empleando todos los sistemas habidos y por haber para fusilarla a conciencia, me pregunto si queda algún despropósito más por llevar a cabo.

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No contentos con querer privatizarlo, aunque ellos lo adornen con retórica desgastada y no quieran expresarlo así, también se han sentido aptos para cambiar su nombre. Si el bueno de Fernando siguiese aquí, seguramente no bastaría con un “váyanse a la mierda” para condenar el atrevimiento de todos aquellos que se creen capacitados para jugar con su teatro; porque si tiene que ser de alguien, que sea suyo. Fernán Gómez son los apellidos de la discordia.

Esas letras que merecen la pena como pocas cosas en la plaza de Colón, fueron retiradas hace hoy una semana porque según la percepción del nuevo director del centro, vendían únicamente teatro y no cultura en todas sus variantes. Dichosa casualidad que el que hacía a las veces de escritor, actor, guionista y director fuese la imagen sagaz del anarquismo. No era el pelo lo único que Fernando Fernán Gómez lucía con aires colorados, y eso ahora no gusta.

Aún hay más. Remata esta cadena de coincidencias la más insensible y bochornosa. Y es que la orden y labor de retirada de las letras, comenzó un día antes del sexto aniversario de la muerte del escritor. Hasta tal punto de desvergüenza hemos llegado. Tanta es la indiferencia de los peces gordos que ya ni siquiera miran de reojo a su alrededor antes de atacar.

Poco importa que la alcaldesa de Madrid rectificase al día siguiente si la repugnante chapuza ya estaba hecha. Las ofensas no se curan reculando, ni la cultura se saca a flote por una decisión tomada en pleno sofocón. La esperanza de este naufragio ahora permanece en quienes abrazan el teatro Fernán Gómez como mimando a la figura de Fernando. Al final sólo quedamos los espectadores, que nadamos en un nivel de desconsideración a punto de desbordarse y otorgar el best seller al libro de Belén Esteban. Será entonces, sólo entonces, que tendremos que decirnos: “Nunca sabes lo que tienes, hasta que lo pierdes”.

El séptimo arte busca reinventarse

María García-Tenorio (@MariaGTA)

Si el vinilo está resurgiendo para gente que no tiene un tocadiscos, ¿por qué el cine no se va a reinventar?.

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Los enemigos del celuloide, que están haciendo que cada vez se cierren más salas de cine (en 60 años hemos pasado de tener 7000 salas de cine a 841) o el precio de las entradas se eleve a un 21% de IVA, no van a poder con las nuevas medidas que presenta la gran pantalla. Si hay películas para todos los públicos, también hay entradas para todo tipo de bolsillos:

La Fiesta del Cine, celebrada los días 21, 22 y 23 de octubre a nivel nacional, hizo posible que, con una acreditación a través su página web, se pudiera, disfrutar de las películas que quisieras durante esos tres días por 2.90 euros cada una. Las salas de los cines asociados a esta promoción se llenaron y las colas para entrar daban la vuelta a la manzana. Se calculan más de un millón y medio de asistentes. Esta iniciativa ha desencadenado una nueva promoción algo más cara (3.50 euros), durante los días 18,19 y 20 de noviembre en las cadenas de Cinesa y Yelmo Cineplex pero aún así, es un precio muy reducido comparado con los 7 u 8 euros que suele valer una entrada convencional. Esto ha creado un gran debate que hace plantear la reducción de manera generalizada en las entradas. De momento, se prevén más promociones para animar a la gente a ir.

Cruz Roja, Coca-cola y Metro de Madrid se han apoyado en el cine para aumentar las donaciones de sangre regalando una entrada por cada donante. En unos 20 minutos puedes salvar muchas vidas y a un sector en declive de la sociedad.

Si ninguna de las dos soluciones te convence, siempre puedes estar al día de las películas preestrenadas en la Facultad de Ciencias de la Información y conseguir entradas de manera gratuita. La parte negativa es que la cartelera es mucho más reducida.

No dejes de disfrutar del 7º arte por culpa de aquellos ineptos disfrazados con traje y corbata. Eso sí, si aceptas un consejo, llévate las palomitas de casa (que las promociones todavía no salen económicas) y disfruta de la película.

Arrastrando, arrastrando, el caracol se va encaramando

Yaiza Soto (@yaiza1304)

Abrir un nuevo negocio dentro de la noche madrileña parece no ser una labor sencilla. Sin embargo, mantener un establecimiento con los tiempos que corren se convierte en tarea imposible.

El ocio nocturno en la capital se ha teñido de negro tras la clausura de varios locales encargados de la difusión de música en directo. La última en subirse al carro ha sido la emblemática sala Caracol, que el pasado 30 de octubre tras la repentina visita de la policía se vio obligada a colgar el cartel de cerrado, precintar el local y detener su programación. Hasta aquí podría parecer el procedimiento natural a seguir con un establecimiento cuya licencia no es la correcta o su aforo resulta ser superior al decretado, pero en este caso la lógica escapa a la normativa impuesta por el Ayuntamiento.

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No es fácil mantener al gigante de la autoridad satisfecho, parece no ser suficiente con poseer una licencia en orden, servicio de discapacitados, doble insonoración, acústica integral, incluso más amplitud en la salida de emergencia para mayor seguridad. No, el ejército de Ana Botella no parece complacido y vuelve a morder rabioso una parte sustancial de la cultura, sin ser consciente de que los conciertos son los actuales chalecos salvavidas de la industria musical y que por ello el cierre absurdo y sin explicación de este tipo de salas supone un duro golpe contra el ocio de la ciudad y la música.

A raíz de la tragedia del Madrid Arena todo han sido malas noticias para los locales de la capital. Es insólito observar como la nefasta gestión de estos establecimientos por parte del Ayuntamiento fuera la causa del atroz accidente que tuvo lugar la madrugada del 1 de noviembre del 2012 en el pabellón Madrid Arena. Pero más aterrador es observar como un año después del suceso y con casi 10.000 folios de instrucción en el Juzgado sigue sin haber responsables.

Meses después de lo ocurrido las medidas por parte de la alcaldesa han ido endureciéndose progresivamente, una solución que a primera vista podría parecer necesaria para regularizar la seguridad de las salas. Nada más lejos de la realidad estos recursos llevados a su extremo no hacen más que asfixiar la política de los establecimientos nocturnos, provocando el descenso en picado de sus beneficios y desembocando muchas veces en el cierre permanente de los locales, como es el caso de la extinta sala Nasti, que tras trece años luchando contra los cambios de aforo, la ley antitabaco, visitas inesperadas de la policía y la subida de impuestos no tuvo otro remedio que cerrar sus puertas a un público deseoso de música en directo.

El particular caso del inesperado cierre de la sala Caracol no es más que un reflejo de la escena cultural en Madrid. Ya no hay sitio para establecimientos, promotores, ni grupos. Y aunque esta vez parece existir un final feliz tras el comunicado en el que se especifica que las autoridades han decretado la autorización para reabrir el local a partir del 20 de noviembre, la reanudación de la actividad de sala de conciertos no se podrá hacer aún efectiva.

Una capital silenciada a la fuerza y unas medidas ilógicas que demuestran lo difícil que se antoja jugar a vivir en Madrid.

Pocas luces, menos acción

Ángel Ludeña (@AngelLudena)

Dicen que cuando se recorta, se recorta para todos. Sería absurdo negar que si se trata de recortar, con algunos siempre es más. El cine, amigo de todos y enemigo de muchos, o al menos eso parece para aquellos que tienen como misión defender la cultura.

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En un país donde el cine ya de por sí nos cuesta bastante, no hay mejor opción que subir los precios para bajar la taquilla. Actores y actrices que se quejan, directores que no saben cómo hacer frente a la financiación de sus películas y espectadores obligados más que otra cosa a ponerse delante de un ordenador y visitar esas páginas que aquella ley Sinde quería clausurar. Para la muestra, un botón: Una semana con el cine a precio reducido para ver las salas llenas. Toda película era digna de sentarse delante y dejarse ver si el bolsillo no lo notaba. Al menos, no tanto como siempre. Que si 3D a 9€, que si sala VIP a 10 y si ya son juntas, olvídate de cenar y déjate la pasta en taquilla.

Dicen que internet es el peor enemigo del cine. El top manta también. Luego, la verdad, es que igual no lo son tanto. Los actores quieren que sus películas se vean, los directores que la gente pague por ellas y las distribuidoras hacer caja, hasta ahí todo bien. Los espectadores queremos ver películas y pagar lo mínimo o, al menos, lo justo para no tener que renunciar a otras necesidades básicas. Culturizarse está muy bien, comer es necesario. La solución parece sencilla: Adaptar los precios a los bolsillos más medios con el objetivo de aumentar el número de espectadores y a su vez la recaudación de las películas. Todo parece fácil para todos menos para los encargados de fijar los precios.

Todavía hay algún ministro que dice eso de que los actores españoles pagan sus impuestos fuera, tal vez porque allí es donde logran que sus películas salgan adelante. Otros cuentan que si las pelis son buenas, sí que llenan; si son malas, no y por eso nadie va al cine. Aunque bueno, pensándolo mejor, no es tan fácil saber si merece la pena si no has tenido la oportunidad de verla. Caras conocidas de la tele como principal reclamo en taquilla, funciona, sí, pero no es suficiente. Los nuevos actores y directores se ven obligados a quedarse con puestos secundarios si quieren trabajar, que los principales ya llegará algún ídolo de masas para ocuparlos. Adaptaciones de libros súper ventas como otro de los alicientes para asistir a las salas, funciona, sí, pero tampoco es suficiente. Los nuevos guiones y las tramas que nadie ha visto se quedan olvidadas para que las historias que todos comentan tengan su hueco en taquilla. Siempre se ha dicho que un buen libro es mejor que una película, aunque en nuestro país tampoco somos muy de leer, si todo esta masticadito, mejor que mejor.

Mientras tanto, Paco León – ahora director- se gasta la pasta que le da la tele para hacer cine. Ninguna gran cinematográfica española apuesta por su película, él se paga la primera y la HBO le compra los derechos. Aquí siempre somos de ver la paja en el ojo ajeno y con el talento nos pasa lo mismo. Que lo descubran otros y ya si eso vemos que lo nuestro también vale. Mientras tanto, señor Ministro de Cultura, póngase una buena línea de ADSL, enchufe su ordenador y compruebe si las pelis de ahora merecerían la pena en cuanto a financiación. Dicho queda, amigo Wert.

¿Y si un día deja de sonar?

Sheila Martín (@sheilamartinw)

No gana para disgustos. Latigazo tras latigazo se empieza a desangrar y no hay nada a punto para una transfusión. Una ofensa sobrepasada, otra bofetada más y rozará el punto crítico en el que sólo sobrevivirán los recuerdos sólidos del pasado. Perdemos a la música, insensatos, la perdemos.

He percibido a empresarios emborronando artistas por un puñado de dinero. He vivido la succión de bandas brillantes por parte de compañías discográficas ambiciosas. He padecido el empeño de los medios de comunicación en esquivar a músicos excelentes. He soportado la deslealtad de aquellos que dejaron de ser estrellas y se convirtieron en productos. He sufrido el maltrato político a la industria musical, recortes, trabas y ninguneos. He percibido, vivido, padecido, soportado y sufrido como tantos otros, porque todos conocemos la enfermedad a pesar de que muy pocos luchen por hallar el remedio.

Aun no hace una semana, el festival castellonense Arenal Sound confirmaba los primeros nombres que ocuparían el cartel de su próxima edición y lanzaba las primeras entradas. Eran las 11 de la mañana y, sin suceder muchos minutos, la página web encargada de la venta comenzó a colapsarse debido al alto número de usuarios que trataban de hacerse con un abono. Para un sincero amante de la música, y de hecho así ocurre con otros festivales, esto debería asumirse como una circunstancia estimable. Sin embargo, por una serie de coincidencias, en su corto periodo de vida el Arenal Sound ha caído en brazos de un público que acudiría siendo cuales fuesen los artistas confirmados. Así quedó demostrado cuando las redes sociales se plagaron de presuntos seguidores del festival protestando intranquilos por los contratiempos a la hora de la compra y manifestaban, en pocas palabras, que este año la fiesta se la pegarían en otra playa. Es aquí cuando me exaspero y me pregunto si alguno de todos ellos habría reparado en que los nombres de The Wombats, Miles Kane o Mando Diao estaban trazados en el cartel de aquella edición del festival al que tanto deseaban acudir. Ojalá un 25% de esos gruñones me dijese que su rabia era consecuencia del temor a no poder disfrutar de aquellos artistas en directo. Tristemente, no ocurrirá. ¿No pone esto en peligro la posibilidad de la música en directo?

No obstante, no todo es Arenal Sound. Existen también los melómanos que dicen acudirían encantados al concierto del año en el Palacio de los Deportes o el Palau Olímpic pero los altos precios se lo impiden. Es cierto que la música en directo no es, en muchas ocasiones, el arte más asequible y que si a esto le sumamos el desmedido porcentaje del IVA llega a convertirse en imposible para muchos bolsillos. A quien quiero dar el aldabonazo ahora es a aquellos que se limitan a lamentarse sin poner remedio, a los que pueden pero lo que ciertamente ocurre es que no quieren. Lo vital es encontrar la excusa perfecta para no acudir o acabar recurriendo a cualquier enredo y asistir gratis dando uso al detestable nepotismo. Qué maravilla, ¿’melo’… qué?

Claro, que no todos los salvavidas de la industria musical se encuentran anclados a la música en directo. Pocos quedan ya que paguen por escuchar álbumes de estudio en sus altavoces sea el formato que sea. Piratería aparte, ¿no es esto jugar también con la vida de la música? A un mes de la época de regalos por excelencia, no está de más tenerlo en cuenta.

Amiguismo, codicia, lucro e indolencia. Clamamos cada vez que desde los altos poderes imponen una nueva limitación, porque es ilícito y abusivo, pero llorando no se arregla nada. Al fin y al cabo, quien marca el auge o declive de la industria musical es el consumidor y son pocos, muy pocos, quienes en alguna ocasión se hayan sacrificado por ella, por defenderla o ponerla a salvo. Todos somos conocedores de la enfermedad letal que debilita cada día más a la música. Todos nos disgustamos viendo sufrir un arte que sabemos es indispensable y fuertemente influyente en el aspecto final de cada persona, un arte que se aprehende a nosotros desde el primer minuto de gestación hasta el último soplo de vida marcando una traza imborrable. En cambio, osados, dejamos que flaquee cual estela errante, y me estremece porque… ¿Y si un día deja de sonar?