Walt Disney sigue vivo

Ángel Ludeña (@angelludena)

No existe un niño que se precie como tal que no conozca alguna película Disney. Puede tener más años de la cuenta, encontrarse en ese momento de madurez o estar empezando a vivir, pero si está sobre la Tierra conoce a Disney o, al menos, a sus cientos de personajes.

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Toda factoría cinematográfica tiene como objetivo alcanzar un número de ventas que la convierta en millonaria, sería absurdo negarlo. Además si a ello le acompaña un momento de éxito y repercusión mediática para la empresa, la dirección y el casting, mucho mejor. Son varias las que lo han conseguido, pero podríamos decir que muy pocas han logrado perdurar tanto en el tiempo creando una cultura propia. Disney, lo ha conseguido. Cenicienta, Blancanieves, El Rey León o La Sirenita han copado las horas y horas de todo niño que se precie ya sea en nuestro país como alrededor del mundo. Todos conocemos las historias, las canciones y a sus queridos personajes. Y no, no sólo han logrado éxito en una franja infantil sino que además han traspasado los grupos de edad.

Esta Navidad, las cadenas han aprovechado el tirón de las películas y han lanzado cine Disney en horarios de gran audiencia. El resultado ha sido más que satisfactorio. Las redes sociales estallaban de comentarios referidos a sus películas, todos preferían quedarse en casa para volver a ver las historias de siempre y aún muchos seguían emocionándose. En un momento en el que se prodiga el cine de autor, en el que parece que ver películas comerciales está de más y donde dicen que no hay dinero para crear, viene Disney con lo mismo de siempre y arrasa. La fórmula sólo la tiene ese señor que dicen está congelado en algún lugar del mundo. Si eso no es cultura, que venga Dios y lo vea.

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Escenas olvidadas

Sheila Martín (@sheilamartinw)

Dicen que cuando una noticia no es tratada por los medios con interés y en profundidad, equivale a la inexistencia de la misma. Podrían aquellos atreverse a afirmar, entonces, que el ámbito cultural sufre una parálisis injusta casi desde la muerte de Michael Jackson en 2009. Sin embargo no, cada día en los más de 12.756 kilómetros de diámetro que mide la Tierra, la cultura hierve con noticias sobresalientes que, por algún caprichoso motivo, no son acogidas por los medios generalistas.

El pasado 24 de diciembre las familias españolas se disponían alrededor de una mesa repleta de embustes mientras, a sus espaldas, la televisión que reproducía un concierto de Pablo Alborán se burlaba de todos los comensales descaradamente. En el mundo real, la música lloraba una pérdida injusta que marcaría la historia del pop y rock nacional.

Era el gallego Miguel Costas quien daba la noticia en su cuenta oficial de Twitter: “Es muy triste para mí comunicar el fallecimiento de una gran persona, cantante y amigo. Germán Coppini, D.E.P.”. Ahora más que nunca, “malos tiempos para la lírica” y, sin embargo, ahí estaban todos, de canapé en canapé como si nada, mientras el fundador de Siniestro Total decía adiós a su compañero.

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No fue hasta la mañana siguiente cuando algunos medios reflectaron la noticia en sus sumarios, varios especializados y pocos generalistas, unos cuantos digitales y casi ninguno tradicional. Imagino que en el día de Navidad supone un gran esfuerzo sacrificar minutos de vídeos en los que vemos a unas cuantas familias abrir regalos en sus casas.

Germán Coppini fue vencido por un cáncer de hígado que apenas le había sido detectado días antes, derrotado como pocas veces algo había podido con el que fue voz, pensador y persona fundamental en lo más duro de los años ochenta; imprescindible en los primeros Siniestro Total y cimiento de Golpes Bajos, a quienes hizo sonar a pesar de las bofetadas recibidos por la desagradecida industria discográfica.

Como músico: exacto, único y distinguido; como erudito en política: constituido, justo y noble; como persona: – dicen los que le conocieron – entregado, cercano y protector. Sin embargo, nadie fue capaz de agradecer su lucha hasta el final, no hubo quien parase programación o rotativas para hacer un hueco a su recuerdo. Joder, ¿qué más debió hacer el bueno de Coppini para que ni siquiera el día de su muerte se le otorgue el reconocimiento que merece? Vale que no moviese a un público tan amplio como Jackson, ni mucho menos una masa de fieles como la de Mandela, pero es que deberían bastar las mil batallas a favor de una música libre y progresista para que sus 52 años de vida fuesen rememorados. ¿O es que en la información también se equipara la calidad a la repercusión económica que la persona produjo en vida?

Parece mentira, con lo que gusta reducir la cultura de este país en las últimas décadas a la famosa Movida, y resulta que se permiten el lujo de dejar caer en el olvido a una personalidad esencial en ella. Claro, que tratándose de una noticia musical serán pocos quiénes la echen en falta y, por lo tanto, mejor ocupar espacio con la bazofia habitual.

Son escenas olvidadas, repetidas tantas veces. No se ama a los sumisos, simplemente se les quiere”, que decía el mismo Germán Coppini, tan poeta a veces. Quién iba a imaginar que a pesar de todo el esfuerzo, para una parte del mundo, las suyas acabarían siendo de verdad aquellas “escenas olvidadas”.

Mamá, afloja la pasta que formo parte del fenómeno fan

María García-Tenorio (@MariaGTA)

Un buen día coges el móvil y descubres un mensaje de tu mejor amiga diciendo que vuestro grupo o cantante favorito va a vuestra ciudad. Tienes 15 años y harás todo lo posible por asistir a ese concierto: llorarás, patalearás, pasearás al perro y harás todas las tareas domésticas antes de que tu madre te lo diga. Después de un mes escuchando a tu madre decir que no y ver que tus sueños no se hacen realidad, llega el día, en el que le pillas un poco más blanda y te dice: ‘Bueno… ¿Cuánto cuesta?’. Con una pizca de ilusión dices a tu madre el precio y tras alegar que con ese dinero puede comer una familia durante dos semanas… Te has quedado sin concierto.

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Justin Bieber, Violetta, One Direction o Auryn son algunos de los cantantes y grupos de moda que triunfan entre los adolescentes de todo el mundo. Su fama es tan alta como el precio de sus entradas. Y es que, nacionales o internacionales, los conciertos de éstos se salen del presupuesto de muchas familias españolas. Por ver a Justin en directo, tienes que pagar aproximadamente unos 100 euros. Violetta, 123 euros. One Direction, 79 euros y Auryn, 27 euros. A todos ellos hay que incluirles el 21% de IVA que impuso Rajoy el día 1 de septiembre de 2012, pero eso ya, es otro tema. A parte de eso, se señala en las condiciones de la entrada, que los menores de 16 años no podrán asistir solos al concierto y tendrán que ser acompañados de un adulto, lo que implica para muchos padres y hermanos comprar otra entrada para que disfruten de la función.  Todo sea por la ilusiones del joven adolescente.

Mientras pasan los días hasta que llega el gran espectáculo, podremos comprobar las declaraciones de los artistas que afirmarán que para ellos a parte de la música, su mayor preocupación son sus seguidores, “porque sin ellos no serían nadie”. Está claro que no son conscientes de los sacrificios que tienen que hacer para poder disfrutar de sus dos horas de función. Sin embargo, para sus admiradores, entusiastas con la entrada que la habrán adquirido meses atrás, todos los esfuerzos se compensarán cuando salgan al escenario y digan: “¡Buenas Noches Madrid!”.

Y es que, antes de escoger cuales serán tus zapatillas para los conciertos, hacer obras y milagros para conseguir las entradas más baratas de los festivales  de tu país y, de elegir qué clase de música quieres escuchar, tienes que pasar por lo que se conoce como el clásico fenómeno fan. Aunque, si te sirve de consuelo, tu madre que no se ha podido permitir pagar las entradas te recompensará comprándote, en el top manta, el dvd de la gira en directo.

Sexo, drogas y rock and roll

Yaiza Soto (@yaiza1304)

Guitarras eléctricas, fuertes baterías, cazadoras de cuero, volumen y sobre todo velocidad. Sí, señores, hablo del rock, ese movimiento surgido en Estados Unidos en la década de los 50, envidiado por muchos otros géneros y eterno amado por todos.

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Como toda religión, el rock también necesita un mesías, en este caso nuestro culpable responde al nombre de Elvis Presley, también conocido como El rey del rock and roll. Su aparición no se haría esperar y sería en 1956 cuando un jovencísimo y desconocido Presley se presentase al público, encandilando a las masas con la considerada como primera canción de rock and roll de la historia, That’s all right Mama. Su popularización, al igual que la del género, fue casi inminente, extendiéndose por gran parte del mundo. Es en estas fechas cuando comienza el fenómeno Elvis y en consecuencia, el fenómeno rock and roll. Una época de crudeza, bailes, tupés, movimientos pélvicos, atractivo físico y voces versátiles, que a más de uno no nos hubiese importado vivir en nuestras propias carnes.

De eso se trata el rock, su composición es sencilla; tres acordes, un fuerte e insistente ritmo de acompañamiento y una melodía pegadiza. Pero esto no había hecho más que empezar, tan sólo diez años después nacía la denominada Invasión británica, protagonizada por grupos como The Rolling Stones, The Kinks, Small Faces, The Who, The Yardbirds, The Animals y sobre todo los míticos The Beatles. No quepa duda de que asistíamos al nacimiento de la gran época dorada de la música.

Su lenguaje era universal y se hizo tan popular que poco tardaron en surgir nuevos géneros musicales relacionados. Desde finales de los años 70 el rock no ha dejado de aportar variantes respecto a las corrientes pioneras, hasta el punto de que resulta imposible su enumeración; Rock psicodélico (Pink Floyd), Punk rock (The Velvet underground), Heavy metal (Black Sabbath), Rock progresivo (Queen), Glam rock (David Bowie), Hard rock (Kiss), Punk (Ramones), Post punk (Joy Division), Rock alternativo (Pixies), Grunge (Nirvana) Britpop (Oasis) y así una larga lista de estilos, grupos, tribus urbanas, canciones, himnos y sentimientos.

El rock, que había nacido como una música destinada a satisfacer la demanda de los adolescentes, no es consciente de todo lo que nos ha podido llegar a aportar en estos 63 largos años de existencia. Con su nacimiento se trastornaron la vida e ideales de América y poco a poco los del mundo entero. Era la corriente del divertimiento generacional, las fiestas y las reuniones sociales, una concepción  que varió de forma radical cuando alcanzó  territorios como el del compromiso político.

El manifiesto de la rebeldía, la desobediencia y la sublevación. Pero no olviden que todo esto no son más que adornos para engalanar a las guitarras eléctricas, las fuertes baterías, el volumen y sobre todo la velocidad.

Sí, señores, esto es rock.

Oídos maleducados

Sheila Martín (@sheilamartinw)

Si a un niño le diesen a elegir lo que quiere comer cada día, el menú siempre se rifaría entre las opciones de pasta, patatas fritas o natillas de chocolate; pero ahí están las madres para imponer su plato de verdura, una ración de pescado y rematar con la cumplida pieza de fruta. Benditas madres, cuántos sabores habríamos dejado pendientes de no ser por ellas, siempre lidiando con nuestro paladar y su síndrome de Peter Pan. Si no se somete a innovaciones y se educa para asimilar nuevos alimentos, el paladar se infantiliza. Con el oído pasa algo parecido.

Desde antes de lo que la memoria de cualquiera pueda alcanzar, incluso desde que el espermatozoide aún camina hasta ser atrapado por el óvulo perfecto, ya nos rodea cualquier melodía responsable de dar el pistoletazo de salida a nuestra educación auditiva. Aquí comienza lo magnífico de la vida, donde la música ejercerá de fiel acompañante hasta el último día.

Los primeros años, mandan los gustos de los adultos que te van pasando entre sus brazos, algo que no me preocupa demasiado si el año de nacimiento está por debajo de la cifra 2000. Desde Camarón hasta los Beatles pudieron sonar en los cassettes de unos padres que vivieron años donde la música casi siempre se hacía desde el corazón. Pudiste comenzar a vivir con el flamenco más cañí o el rock and roll más duro, que si fuiste de los del siglo XX tendrás la tranquilidad de que aquello fue creado, grabado, producido y llevado a los escenarios con mucho mimo. Con el cambio de milenio, la cosa cambia y hacer canciones ya no es tanto un arte como un negocio sujeto a modas y beneficios económicos; pero eso mejor lo tratamos en otro momento.

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En esto de vivir, quieras o no, hay que tomar decisiones y la de elegir lo que prefieres escuchar no tarda mucho en llegar. Unos prefieren “Cinco lobitos” y otros “El cocherito leré”. Luego están los medios de comunicación, que acogen música (a veces) y abren la puerta a un mundo más allá de las canciones infantiles. Llega un día en que todos caemos en los singles del momento, bailamos sobre nuestras camas las canciones más pegadizas y de ahí damos un salto a las discotecas, donde suenan sólo las que triunfan. Aquí es cuando la educación del oído empieza a tropezar, cuando no importa la calidad sino la comodidad de seguir una moda impuesta. Maldita sociedad costumbrista.

Pocos se extrañarán si escuchas a Lady Gaga, en cambio si te decantas por La Faraona o James Morrison y los suyos, debes estar prevenido para las miradas más desconcertantes. No serán muchos los que asocien esos nombres a Lola Flores o The Doors, así que serás tú del que se compadezcan por rebuscar en los entresijos de la historia de la música. Hay que ver, con la magia que esconde bucear entre distintos estilos y artistas, descartar unos, adorar otros, hacerlos tuyos, sentir que has descubierto algo que puede hacerte feliz, llegar a enamorarte para desencantarte cuando te decepcionen y volver a buscar otro que ocupe su lugar, o seguir hasta el final con el matrimonio porque lo tuyo es amor de verdad. Pues no, los hay que prefieren seguir pensando que el pop lo inventó Pereza.

Igual a la gente ya no le gusta la música”, leí esta semana en una entrevista al vocalista del grupo catalán Refree. Lo que pasa es que en esto de la música, muy pocos hay dispuestos ya a entregarse a nuevas aventuras, a esperar con incertidumbre una cita en la que no sabes si te gustará, a dejar atrás aquello que perdió su esencia y a aferrarte a quien consiga forjar los mejores recuerdos. En esto de la música, también se precisa educación. En esto de la música, la curiosidad no mata a ningún gato. En esto de la música, hay que arriesgar. En esto de la música, hay que vivir.

El arte español y cine para reír

Ángel Ludeña (@AngelLudena)

Nadie se asombra al escuchar que el cine español no funciona. Pocos se extrañan cuando alguien suelta eso de “en España no sabemos hacer cine”. Son menos los que se sorprenden de la baja inversión con la que cuentan las películas aquí pero, a la hora de la verdad, muy pocos saben datos reales de las películas nuestras.

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Para nadie es una novedad que con nuestros recursos y la capacidad interpretativa de buena parte de los actores que tenemos, competir con taquillazos internacionales es complicado, por eso, siguiendo aquella famosa frase de pedirle peras al olmo, es innegable que en España hemos sabido reinventar nuestro cine. Aquí lo que funciona es el humor. igual es por la gracia natural de los españoles, por eso del buen tiempo y la buena cara o porque estamos cansados de dramas y, como canta Alaska, ahora sólo queremos comedias, pero lo cierto es que las películas más exitosas de los últimos tiempos en España, son españolas.

Santiago Segura descubrió el filón de un policía inútil con poco arte para su trabajo, vago y poco aseado supo ganarse el cariño del público aunque no de la crítica con historias simples cargadas de cameos de caras más que conocidas. A lo tonto, y nunca mejor dicho va por su 5 entrega que ya se encuentra rodando con Je”z”ulín como gran fichaje. Por su parte y salvando las distancias, el rollo comedia blanca y costumbrista funciona y si no que se lo digan a Daniel Sánchez Arévalo y sus “Primos“. La película logró convertirse en todo un éxito y además ganarse el cariño de la crítica y el público. Después de esta y siguiendo la misma estela llegaron de la mano de los actores y actrices fetiche, véase Quim Gutiérrez o Inma Cuesta, “La gran familia española” o la nueva “Tres bodas de más“.

Señores, ante la crisis y los problemas, siéntense en el cine y a echarse unas risas que por muy caro que sea, reírse siempre compensa y si no que se lo cuenten a los directores y sus bolsillos.

D.E.P. CANAL NOU

María García Tenorio (@mariagta)

Una cortina de humo recorre Valencia. El presidente Fabra decidió coger el mando y apagar el Canal 9 para siempre en su comunidad, dejando al pueblo sin emisión autonómica.

Los políticos se pusieron sus mejores galas para el funeral y en el discurso de despedida apoyaron a la educación, a la sanidad y a los servicios sociales, que han estado olvidados por la moda; porque si es de trajes ellos entienden bastante. Sin embargo, si hablamos de derechos, solo conocen los suyos. Más de 1000 empleados se van a la empresa más grande de España, el paro, sin ser escuchados. De nada han servido las manifestaciones, ni los grupos de apoyo a los trabajadores, ni la subida de audiencia en los últimos meses; nada tiene que ver con la ideología de cada uno; porque la izquierda y la derecha se han quedado neutrales para unir sus voces en radio y televisión.

Hoy hace más de un mes que se conoció la noticia del cierre y aún sigue dando de qué hablar, porque no solo han perdido los trabajadores su empleo, sino el pueblo su derecho a la información; y, es que, las noticias, cuanto más cercanas, más impactan y, parece que en España lo que pase en el resto de Europa es más importante que lo que pasa en nuestro propio país. Si obviamos ya de por si lo nacional cómo pretendemos enterarnos de local, si no nos dan facilidades y tampoco tienen interés en dárnoslas. Y… ¿qué hacen nuestros políticos para curar nuestras heridas? poner un derbi de fútbol entre el Madrid y el Barça es la mejor solución a los problemas; ¿qué hacemos para evitarlo? olvidar nuestros intereses para picarnos porque nuestro equipo siempre juega mejor que el ganador… o perdedor; sin darnos cuenta, de los que realmente perdemos somos nosotros. ¿Qué pasará dentro de un año? los políticos habrán cumplido su objetivo, y la cadena, en vez de celebrar sus ‘bodas de plata’ habrá quedado muerta y en el olvido.

Canal Nou es un héroe de guerra, una víctima de la crisis, una consecuencia que refleja el drama que estamos viviendo en todos  los ámbitos de la sociedad, dónde los parados sólo son un número y los derechos solo una palabra tabú.

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Por una cultura independiente, crítica y actual

Yaiza Soto (@yaiza1304)

Afincado en el número 42 de la calle Alcalá y con las mejores vistas de todo Madrid se encuentra situado el Círculo de Bellas Artes, entidad cultural privada sin ánimo de lucro a la que se le presenta un futuro cuanto menos incierto. El centro, que en los últimos años ha sido blanco fácil de recortes, se encuentra en una difícil situación económica. Ni su paradójica ubicación, al lado del Ministerio de Educación y Cultura, le salva de la notable reducción que ha sufrido su subvención.

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El Círculo de Bellas Artes, para muchos conocido únicamente por su azotea; ese estratégico lugar de Madrid donde divisar la ciudad desde las alturas y de paso hacerse alguna que otra foto, organiza una media de más de mil actividades al año. Su oferta es de lo más variada. En su edificio estudian, crean, se expresan y convergen centenares de artistas de distintas generaciones. Díganme si no es una auténtica maravilla cultural lo que este espacio nos puede llegar a brindar.

La mayor parte de su financiación sale de sus socios, del alquiler de sus salas, del cobro de sus entradas y de los actos que organiza. El presupuesto actual es de 4,6 millones de euros. De esa cantidad, la Comunidad aporta 150.000 euros y el Gobierno central, 120.000. Pero no es oro todo lo que reluce, en los Presupuestos de la Comunidad de Madrid para el próximo año hay reflejado un recorte en el dinero que se destina al Círculo de Bellas Artes. Esto supone el despido del 15% de la plantilla y la desaparición de las secciones de radio y cine del teatro.

Las medidas por parte de la Comunidad de Madrid para fomentar los ingresos de la entidad no son otros que la ampliación del horario de la azotea, que se pretende convertir en un mirador de Madrid, incorporando a una empresa de restauración. Un listón demasiado alto que precisa menos actividades culturales, mismo número de socios y mayor realización de eventos comerciales. Una aspiración que implicaría el distanciamiento con el espíritu del Círculo de Bellas Artes, promover y difundir la cultura. La decisión supone un revés a las actividades que organiza el centro, que abarcan desde las artes plásticas hasta la literatura pasando por la ciencia, la filosofía, el cine o las artes escénicas.

El trato que recibe la cultura en general y El Círculo de Bellas Artes en particular, resulta abusivo si tenemos en cuenta que es el último sector en subvenciones de este país, por detrás de las ayudas públicas a la banca, la construcción o la automoción. Una burla para aquellos que la consideran poco sostenible.

La institución, lejos de quedarse de brazos cruzados ha lanzado un manifiesto en su defensa, donde reza “El Círculo ofrece su apoyo a los que muchas veces han alcanzado aquí el amparo para su trabajo y para su ansia de saber“. Un grito ahogado que reivindica auxilio.

No se le puede volver la cara a una de las entidades culturales más emblemáticas de España, que atrae anualmente a más de un millón de visitantes, pero sobre todo no se le puede volver la cara a lo que verdaderamente prima aquí, la cultura, el sustento de nuestra esperanza en épocas como ésta.